31/10/09

Si la cosa funciona

Si la cosa funciona

Comedia dirigida y escrita por el excéntrico Woody Allen, el guión lo confeccionó en los años 70 pero por una serie de circunstancias ha reposado en el cajón oscuro del olvido hasta ahora, la causa de tal recogimiento según Allen era encontrar el actor apropiado para el papel protagonista tras la muerte de Zero Mostel. Y elegir para tal personaje a Larry David (creador serie Seinfeld) supone el mayor acierto de Allen. David encarna a la perfección al extravagante, bohemio, ácido e irónico profesor de universidad retirado que simplemente busca la paz interior, pero una bella joven (Evan Rachel Wood) se interpondrá en su camino.

Woody Allen vuelve a su ciudad, Nueva York, y graba una comedia con un guión más inteligente de lo que aparenta que no llega al más alto nivel de su filmografía pero que aún así no hay que menospreciar. Consigue su propósito, hacernos pasar un buen rato con demenciales diálogos y ocurrencias diversas vertidas en su mayor parte por el excepcional personaje Boris Yellnikoff (Larry David). Su correosa sátira dejará momentos tronchantes, sus ideas, manías y su hiponcondría –que bien podrían ser atribuidas a su creador– serán soportadas estoicamente por Melody, una joven del sur con pocas inquietudes.

Esta extraña pareja, se verá obligada a convivir lo que provocará un cambio radical en sus vidas. El concierto se desmadra cuando aparecen –a ritmo de Beethoven– los padres de Melody. Esta parte final es la que menos me agradó, demasiada bohemia y colorista para mi débil mente, el señor Yellnikoff impidió que parpadease pero cuando no está en pantalla lo que veo me abruma por su inconsistencia y falta de originalidad.

Como interesante comedia, la cosa funciona y más cuando la filosofía que nos intenta trasmitir tiene una gran fuerza persuasoria, también nos deja un personaje entrañable interpretado de forma pletórica por Larry David; pero si espera un final de infarto y rompedor al estilo Match Point, entonces la cosa no funciona, mejor verla en clave de comedia inteligente que nos haga olvidar por un rato de nuestros errores vitales.

30/10/09

(500) Días juntos

(500) Días juntos

La película comienza con una advertencia para el espectador: “lo que usted va a ver no es una historia de amor”. Primera mentira, claro que se trata de una historia de amor, pero no estamos ante la típica relación pastelosa a la que las películas de este género nos tienen acostumbrados. El tiempo permanece fragmentado, nos irán contando los momentos más interesantes acontecidos en la vida de una pareja, sus 500 días de coexistencia se nos presentan de forma desordenada, lo que favorece al entretenimiento, una trama presentada de forma monocorde seguro que sería pesada de degustar.

El protagonista, Tom (Joseph Gordon-Lewit), que trabaja ideando tarjetas de felicitación –el sueño profesional de toda persona– se enamora a primera vista de Summer (Zooey Deschanel), mujer de hipnóticos ojos que tiene una idea muy diferente del amor; para ella el amor no existe y las relaciones de pareja no tienen ningún sentido. Tras la seducción, la mujer toma el timón de la nave, nuestro protagonista percibe que su relación se tambalea por las diferentes concepciones del significado de relación que ambos ostentan. El problema de Tom logró conmoverme, comprendí su sufrimiento interior, desea un mayor compromiso por parte de ella pero presionarla puede conllevar una situación desastrosa para nuestro protagonista. El clímax queda anunciado.


Todo en la película goza de simplismo y veracidad, el manejo de cámara del director Marc Webb resulta simplemente correcto, las interpretaciones de la pareja protagonista son aceptables y el guión que obvia la espectacularidad y los puntos de giro, termina sorprendentemente bien.
(500) días juntos, convence gracias a que cuenta la vida de personas normales, construye a una pareja cuyas anécdotas perfectamente pueden ocurrirnos a nosotros y lo hace de forma sencilla que no predecible; de ahí que visionarla se convierta en un simple gozo.

12/10/09

Ágora

Ágora

Alejandro Amenábar que con sólo cinco películas ha conseguido un merecido reconocimiento regresa después de cinco años de sequía con una superproducción con tintes históricos. Ágora supone un salto al vacío del director, una apuesta arriesgada y original que pocas veces encontramos en el deleznable –con pequeñas y honrosas excepciones– cine español. Por ello, me gustaría que Ágora obtuviera cierto éxito para que en un futuro Amenábar tenga carta blanca para dar rienda suelta a su imaginación, creo que la obra maestra de Amenábar está aún por descubrir.

Regresando al filme que nos interesa, Ágora supone una versión libre de la vida de la astrónoma Hypatia, lo importante en esta ocasión no es el rigor histórico sino el mensaje que se quiere transmitir. En torno a este, encontramos un despliegue técnico y material que conseguirán sumergirnos en la Alejandría de finales del siglo IV. El uso de la cámara y los planos son correctos, Amenábar se muestra impecable en este aspecto; personalmente no me agradaron las escenas que muestran el globo terráqueo o la misma ciudad de Alejandría a vista de satélite, las imágenes me descolocaron y me sacaron de la historia que de verdad importaba, la vida de Hypatia.

Hypatia, interpretada de una forma excepcional por Rachel Weisz, supone la piedra angular de la trama, encarna al verdadero conocimiento que otras mentes ignorantes quieren acallar. Rachel Weisz nos trasmite todo esto y más, consigue que al terminar la película sigamos recordando a su personaje, el resto del reparto –aunque correcto– no está a la altura. La espectacularidad de las batallas, la violencia desatada por un fundamentalismo fervoroso, unos diálogos trascendentes y unos personajes pincelados adecuadamente hacen todavía más patentes el gran fallo de guión de Ágora, el ritmo no se sostiene, estos altibajos no permiten que el espectador se inquiete todo lo deseable por lo que se nos está contando.

La historia aunque no todo lo estimulante que debiera ser, resulta aceptable y más cuando una trama ocurrida hace más de milenio y medio implica unas reflexiones actuales de tal calibre. Los fundamentalismos religiosos no ayudan al desarrollo del ser humano, la intolerancia es un arma que resulta mortal para el conocimiento, el ateismo es la cura de este engaño existencial. Este hilo argumentativo está expuesto a múltiples reflexiones, pero pararnos a pensar sobre ello y sobre el gran poder que tienen algunos organismos religiosos ya resulta un primer paso para conseguir abrir la cortina blanquecina que limita nuestra visión.

Una apuesta arriesgada que culmina notablemente a través de una historia inteligente que está lejos de la vacuidad de muchas superproducciones, con una excelente actriz protagonista, una gran realización pero que no encandila porque los sentimientos no han aflorado lo suficiente. Por mi parte, seguiré recordando a Amenábar por su primeriza Tesis, pero con Ágora ha conseguido que no pierda la esperanza en el cine patrio, entre la inmundicia se pueden encontrar objetos valiosos.

09/10/09

Crónica de un aburrimiento no anunciado

Cuando asistes a un partido de la “NBA Europe Live Tour” como el que ayer se disputó en el Palacio de los Deportes de Madrid, esperas ver ante todo espectáculo. Los algoritmos defensivos no interesan, quieres ver portentosos mates, triples desde los siete metros, alley-hopps formidables y un ritmo de juego tan alegre que no suponga ningún esfuerzo traspasar la barrera de los cien puntos.

Los lujosos asientos merecían un mínimo de espectáculo, en la cancha se enfrentaban los Utah Jazz contra el Real Madrid –un equipo a priori con una plantilla competente y un entrenador, Messina, que incluso ha sonado para dirigir algún equipo de la mejor liga del mundo–. Por ello pensé que asistiría a un partido entretenido donde el espectáculo primara sobre la especulación, pero para mi disgusto, me equivoqué. El Real Madrid, demostró que aún necesita mucho rodaje, su nivel de juego dejó mucho que desear, estuvieron nulos debajo de los tableros y la línea del triple se les hizo demasiado lejana.

Por el contrario, los Utah Jazz tampoco ofrecieron mucho más, sin despeinarse se marcharon muy por encima del marcador –28 puntos arriba– y eso que su juego no es que fuera brillante. El equipo de Jerry Sloan, salió a disputar un encuentro de forma seria, con una defensa pegajosa y consistente; no querían perder como ya le ocurrió a los Raptors. El nivel de juego quedó patente, y aunque el Real Madrid acusara las lesiones de algunos de sus jugadores esenciales, no es excusa para ofrecer un espectáculo tan deprimente.

Los blancos solo aguantaron el primer asalto, la grada permanecía callada –se podían escuchar a la perfección el rechinar de las deportivas de los jugadores en el parqué y sus gritos desde la pista–, los aplausos fueron sucedidos por bostezos cuando ni siquiera el segundo cuarto había concluido. Los americanos tendrán sus fallos, pero saben crear un buen espectáculo, es triste admitirlo pero me interesó más los bailes, acrobacias (una mujer que utilizó un arco usando las piernas como manos) y demás juegos chorras que enaltecieron a sectores de la grada ociosos en los interminables tiempos muertos.

En el último cuarto, ya todo el mundo miraba el reloj, la conclusión se retrasaba y lo que se jugaba en la pista no era del interés de nadie.El equipo blanco jugaba a ver pasar el tiempo y los de Utah se relajaron permitiendo que los locales maquillaran un poco el marcador. En los últimos minutos, las miradas de los asistentes estaban en Bear, la mascota de los Utah, que no dudó en arrastrar a un crío por la tarima, limpiar con una mopa la calva de un periodista o darle un cabezazo (con una cabeza de goma gigante) a un vigilante de seguridad al que no le hizo tanta gracia el asunto.

El partido concluyó, el resultado (Real Madrid 87 – Utah Jazz 109) era lo de menos, la gente silenciosa se marchó sin mostrar mucho entusiasmo ante un Madrid de segundo nivel y un equipo NBA que salió a ganar sin importarle el modo de hacerlo. Mucho despliegue técnico (animadoras, videomarcadores que repetían las mejores jugadas y música que sonaba en mitad del juego al más puro estilo NBA), mucha parafernalia que no consiguió evitar un espectáculo decadente, la gente quería ver puro baloncesto y se encontró con un sucedáneo de dudosa calidad.

Katyn

Katyn

Katyn (nominada en los Oscar 2008 como mejor película extranjera) recrea la masacre acontecida en los bosques de Katyn, 20.000 oficiales y suboficiales polacos fueron apresados en campos de concentración para en 1940 ser asesinados con un disparo en la nuca. Polonia era invadida por alemanes y soviéticos, la policía secreta rusa (NKVD) bajo las órdenes de Stalin cometió dicho genocidio, pero tras la huída de los alemanes, los soviéticos no dudarán en cambiar la historia en beneficio propio para acusar al ejército alemán del exterminio de Katyn.

Con este hecho histórico, el director y co-guionista Andrzej Wajda (ganador en el 2000 del Oscar honorífico por el conjunto de su carrera) recrea una película con una ambientación fabulosa y un uso de la cámara experto y preciso. Los planos describen a la perfección la situación y drama de unos personajes interpretados por actores polacos desconocidos fuera de sus fronteras pero que saben expresar todos los sentimientos, crudezas y vicisitudes que la película les ha deparado.

Con un buen reparto y una mejor dirección, damos con el gran desacierto del filme, un guión que aunque no cae en sensiblerías no es capaz de sostener una tensión dramática aceptable durante el transcurso de casi dos horas. La segunda parte se hace pesada y aburrida, el ritmo decae cuando los presos desaparecen de la pantalla, la vida de las mujeres con familiares desaparecidos en Katyn no resulta tan profunda como se esperaba. En realidad no hay errores de guión, lo que ocurre es que Katyn no cuenta nada nuevo, y lo que nos narra lo hace de una forma tortuosa y nada sorpresiva, el final lo conocemos mucho antes de que esto ocurra, lo que no ayuda a mantener la atención suficiente en una historia que no nos aporta nada novedoso.

Si la intención de Wajda era desenterrar del olvido el crimen atroz cometido en Katyn, lo ha conseguido, de toda la película me quedo con su espeluznante final que proporciona los mejores momentos, aunque macabros, de la película.

08/10/09

G-Force: licencia para espiar

G-Force

Película de animación en 3-D que mezcla imágenes creadas por ordenador con otras rodadas de la realidad. G-Force denomina a un grupo de animales alterados genéticamente para otorgarles una inteligencia humana; estos pequeños seres son un proyecto confidencial perteneciente al servicio de inteligencia estadounidense y se encargarán de realizar servicios de espionaje de alto nivel. El argumento parece sacado de una mala película de James Bond, de hecho el inicio de la película se asemeja a los inicios adrenalíticos del agente británico, lo que ocurre es que esta vez la espectacularidad y la tensión se han quedado dentro de la jaula.


Los conejillos de indias que forman el trío protagonista –la voz de Penélope Cruz no me acabó por convencer– tendrán que unirse para evitar que el mundo conocido sea aniquilado por máquinas-robots asesinos, otro pasote de los guionistas que se olvidaron también de incluir humor, el roedor al que da voz Steve Buscemi resulta el más divertido pero ni con esas entretienen. Acabé harto de tanto conejillo de indias, moscas voladoras y cucarachas inteligentes, me daban ganas de encerrar a estos bichos junto con sus guionistas en un manicomio y luego tirar la llave por la alcantarilla. El patito feo de la película, un pequeño topo devorador de gusanos (al que le da voz Nicolas Cage) cuyos conocimientos informáticos superan con creces al del mejor hacker del mundo fue el que me resultó más interesante y entrañable.


Si hacemos referencia a todos los actores “reales” que aparecen en la película no debo más que despotricar por sus lamentables actuaciones, el malo malísimo del filme, Bill Nighty, sobreactúa de tal forma que nos tomamos a risa a su personaje, desconozco si será por exigencias de tan suculento guión. Empecé hablando de James Bond y terminaré hablando de Transformers, pues la película se acoge a esta superproducción para copiar sus robots mecánicos y presentarnos un final falto de originalidad y tan pobre e insulso que vuelves a acordarte por enésima vez de los grandiosos guionistas.


G-Force va dedicada al público infantil, pero eso no es excusa para hacer una película aburrida (me sobra más de la mitad) que no ofrezca nada medianamente entretenido, ya sé que es imposible que todas las películas contengan la genialidad de Up, pero a mí estos roedores me han hastiado tanto en una mísera hora y media que he acabado por cogerles manía.

29/09/09

Año Uno

Año Uno

Una película que cumplió con creces todas las expectativas que puse en ella, es decir, ninguna. Dentro de la factoría Apatow (Virgen a los 40, Supersalidos) comprobamos sin dificultad que Año Uno entraría en un catálogo de segundo nivel. El director, partícipe también en la creación de un guión simplista, Harold Ramis (Una terapia peligrosa) simplemente cumple en una película que parece que nadie se la ha tomado demasiado en serio.

En Año Uno veremos como un par de cavernícolas sin muchas luces se adentran en un mundo para ellos desconocido donde conocerán a multitud de personajes del Antiguo Testamento. Esta peculiar comedia bíblica, aunque lo intente, no encontrará la estrella fugaz que les guíe por el camino del humor. Los chistes acaban por ser repetitivos y la falta de inventiva se hace patente en una historia de la que conocemos su final mucho antes de que este aparezca en la pantalla. Y esta falta de originalidad no es el mayor problema, las escenas son a cual más ridícula y los diálogos siguen el mismo reguero conformando una historia monótona y carente de atractivo.

La pareja protagonista Jack Black (Escuela de rock) y Michael Cera (Juno, Supersalidos) conforman lo mejor de la película, parece que se encuentran cómodos en las comedias ligeras, lástima que esta sea más absurda e irreverente de lo que viene siendo habitual. También me agradó encontrarme a Olivia Wilde –más conocida por su papel de la Dra. Remy "Trece" Hadleyen en la serie House– que interpreta en esta ocasión a una princesa sedienta de poder, supongo que habrá elegido el papel, como el resto del reparto, para llenar el curriculum porque está claro que Año Uno no brillará en la historia del cine.

Tampoco es la intención de Año Uno, producida para morir prematuramente, una película de bajo presupuesto que busca a su público fiel para obtener beneficios y no salir con números rojos y, en estos tiempos que corren, ya es decir bastante, puro negocio.

11/09/09

Anticristo

Anticristo

Seré un extraño, un bicho raro, una rata de cloaca que no comprende lo que hay más allá de la oscuridad, por ello no tengo remordimientos en admitir que Anticristo me consumió al poco de empezar, me quemó por su pretendida grandilocuencia y me abrumaron los minutos que pasan lentamente sin que encuentre otro paliativo que la somnolencia; en definitiva, una crucifixión para mis atorados sentidos.

La película comienza con un prólogo de exquisita manufactura y bella música, estos tres minutos iniciales suponen lo único interesante de la cinta; Lars von Trier ya se encargará de ofrecernos una película única, pretendiendo innovar el mundo del cine con una historia carente de sentido, lenta y con escenas paranormales que rayan el mundo de la estupidez. Aunque la trama hacía mucho que dejó de interesarme, los últimos diez minutos se hacen más soportables porque aparece la acción –ya iba siendo hora– mezclada con elementos gore que amenizan el asunto para llegar a una escena final decadente.

Aparte del prólogo, me agradó la actuación de Charlotte Gainsbourg, su difícil papel lo salva con nota; su marido en la ficción, Willem Dafoe simplemente me resultó pasable aunque convincente. Lars von Trier utiliza todas sus armas para arropar a esta pareja protagonista, con un uso de la fotografía interesante, unos primeros planos con cámara en movimiento mareantes que son secundados por unos diálogos pobres y un terror psicológico que no aparece nunca. Lars von Trier, siempre intentando impactar al espectador, utiliza dos armas afiladas, el sexo y lo gore. El sexo explícito, gratuito en su mayor parte, no me incomoda y la parte gore, no aparece hasta el desenlace lo que me parece un desacierto total. Por ello, la película navega en tierra de nadie, no cuenta nada interesante y se sirve de las escenas de sexo para conseguir atraer la atención de unos personajes dementes cuya salvación me produce indeferencia.

No veo a Anticristo como una película, más bien me parece un onanismo del director realizado para curarse de sus propios miedos pero que ha cometido el error de darla a conocer al público en general. La consecuencia: otra historia vacía, sin significado y carente de valor cultural, y no será la primera –y me temo la última– de Lars von Trier.

02/09/09

Sin City (Ciudad del pecado)

Sin City

Nadie puede negar que Frank Miller sea uno de los mejores dibujantes y guionistas de cómic de los últimos tiempos, de su inagotable ingenio nació la serie de cómic Sin City, la ciudad sin ley en la que se basa la película. Frank Miller como gran guionista de cómics que es nos regala en este caso un cómic al que no le hace falta pasar las páginas, las secuencias son congeladas en fotogramas de una calidad excelente pero que carecen de fuerza narrativa. Miller, que también se atreve con la dirección, recibirá la experiencia de Robert Rodríguez, otro olvidadizo de los recursos propios del cine. Y como director invitado de lujo, encontramos a Quentin Tarantino que graba una de las escenas más extrañas –y mejores– de la película.

Aparte de la susodicha calidad técnica, lo mejor de Sin City es su portentoso reparto, las acertadas interpretaciones –en cuya cúspide sitúo a Bruce Willis y Mickey Rourke– será lo mejor que encontremos en una película sin ritmo y en la que la voz en off se acaba convirtiendo en un tortuoso martirio. Miller no consigue trasmitirnos los pensamientos de los personajes mediante sus acciones, y a falta de bocadillos, nos lo cuenta en abominables monólogos. Miller consigue trasmitir el ambiente de sus cómics, pero falla en la confección de la trama dividida en tres historias que no tienen nada que ver entre sí. Aunque en la parte final las intente unir con cola, no es difícil apreciar que ha sido un mero truco chapucero. Las historias independientes nos sacan y meten en la película de manera brusca y desacertada lo que provoca que nunca estemos inmersos en la historia. La violencia genera venganza, y la venganza genera más violencia, esta será la única conclusión interesante que obtengamos de Sin City, a la que le falta una mayor tensión y gracia al presentarnos el horror humano.

Y todo se hace menos creíble con la manera de rodar de los directores, con secuencias cortadas sin compasión y un abuso del monólogo que hará más pesado si cabe su visión; la continua violencia y las bellas mujeres semidesnudas no son suficientes para desatrancar un gris historia que se ahoga en su propio fango, es muy difícil ser inteligente y entretener cuando la profundidad y el saber narrar mueren prematuramente.

24/08/09

Ice Age 3: El origen de los dinosaurios

Ice Age 3: El origen de los dinosaurios

Utilizando la nueva tecnología 3D como excusa, los personajes de la edad de hielo vuelven a la gran pantalla por tercera vez, solo que ahora son más mayores y aburridos. Ice Age demostró su originalidad y valía en la primera entrega, en la segunda se deshinchó el cuento y, en esta tercera, se convierte en un digno entretenimiento familiar, aunque eso no le resta que sea la peor de la trilogía.

Manny y Ellie –los mamuts– esperan el nacimiento de su primer hijo; mientras tanto, Sid, el perezoso, encontrará unos huevos de dinosaurio que le obligarán a realizar el papel de madre soltera y su amigo feroz; Diego dientes de sable, sufre la típica crisis de los cuarenta, cree que debe dejar a la pintoresca manada y buscar una aventura en solitario. La "madre" Sid, junto con sus extrañas crías desaparecerán de la faz de la Tierra y serán sus amigos los que inicien la búsqueda de su amigo tontorrón. En el camino, se adentrarán en un misterioso mundo subterráneo, aquí los guionistas han decidido mezclar la edad de hielo con la época de los dinosaurios, animales que viven en un caluroso hábitat dentro de una enorme burbuja de hielo; las ideas comienzan a escasear.

A pesar de algunos puntos de humor, está claro que el trío protagonista está más que quemado, la historia empieza a decaer hasta que aparece un nuevo y acertado personaje, se trata de Buck, una comadreja tuerta que se dedica a cazar dinosaurios. Esta comadreja chalada otorgará los mejores momentos de la película, su aparición desengrasará la historia dando lugar a otra película diferente, la diversión hace acto de presencia. De todos los personajes que empezaron su andadura en el 2002, el único que mantiene la forma es el pequeño Scrat y su inseparable bellota. La pequeña ardilla se topará con un amor diferente que el profesado a la bellota, su escurridiza historia interesa y nos hace recordar que hay aspectos de Ice Age que sí mejoran con el tiempo. Scrat, con su carisma y su vida llena de altibajos ha conseguido pasar de ser un secundario de lujo a uno de los personajes esenciales de Ice Age, me gustaría verle como protagonista absoluto de un cortometraje, tampoco hay que abusar.

Creo que ya se le ha sacado todo el marfil posible a la edad de hielo, esta trilogía cierra la historia de unos personajes que nos han entretenido –algunas veces más que otras– con sus aventuras. En esta última entrega encontramos la peor trama de todas pero que aún con esas y debido a las nuevas incorporaciones nos ofrecerá una historia divertida con un final de comer perdices, perfecta para pasar una paradisíaca tarde de familia.